miércoles, septiembre 27, 2006


Early in the morning
Primera hora de la mañana. Olor a café, arrullo de periquitos, gato regalón.
Timbrazo y carrerita hacia la puerta. Al preguntar quien es, una voz me responde:

- El agua.

Me visita el agua. Pego la córnea a la mirilla. La lente cóncava muestra una cabezota de mujer de la que cuelgan un cuaderno y una linterna al final de unos bracitos de alambre. El cuarto elemento me sigue hasta el mingitorio sin resuello, tras subir tres pisos sin elevateur.

Decía Keats que él era aquel que escribió su nombre sobre el agua. Pues bien, esta joven no escribe sobre el agua, pero está claro que la lee. En su abultado cartapacio cabría el registro de lecturas de Mesopotamia. Como poco.

Antes de proseguir con mi relato he de decir, que mi tendencia a decorar lo indecoroso me llevó a montar un encantador jardincillo sobre la mocheta donde se oculta el contador en el baño.
Consta el altarcillo de una treintena de pedrezuelas de río (compradas), tres cactus mejicanos ( papier mache), un frasco de cristal con arena del Sahara (pan rallado) y caracolas marinas (Tour Todo A Cien). Detrás, un espejo tipo cornucopia con el objeto de favorecer el efecto duplicación, que es la forma más barata de tener el doble de cosas y de espacio.

Sobre la marcha constato que mi intento de transmitir una digna espiritualidad queda quizá algo desvirtuado por la total extroversión del inodoro a droite (tapa levantada).

Como con tanto barroquismo es imposible levantar la tapa del mochete del contador, inicio el cambio de escenografía en directo. Cada vez que dejo un guijarro sobre la cisterna, los periquitos henchidos de adrenalina, reproducen el sonido con la sincronía del eco, pero quince octavas por arriba y con la garganta de Johnny Weismuller. Recortados contra la ventana, se sacan los ojos compitiendo por emitir el graznido más espeluznante.

Tras de mí, la cartomante hidraúlica se refleja en el espejo mientras realizo la operación. Sus ojos oscilan sin pestañear, entre el kimono Madame Butterfly que envuelve mis carnes tolendas, o el desmantelamiento pret a porter, que llevo a cabo. De pronto un tercer estímulo absorbe por completo su atención. Siguiendo la dirección de su mirada veo que, sobre el lavabo, un calzoncillo adolescente marca su territorio con espatarrada contundencia flanqueado por un dispensador de jabón art noveau. Si bien es cierto que, totalmente centrado y por fortuna, introvertido.

Sudorosa abro la tapita del mochete. La exégeta de contadores enfoca con la linterna al interior manteniendo una distancia prudencial. Al apuntar su lectura en el cartapacio cada uno de los siete dígitos es subrayado por un graznido que levantaría a un muerto de su tumba y mi gato hasta el momento silencioso, inicia su propio contrapunto dodecafónico maullando como si le arrancaran la piel a tiras.
Consciente de las consecuencias del desempeño de su tarea en el mundo animal, la joven se esfuerza en hacer el menos ruido posible de forma que el último número es apenas visible. Yo a mi vez, espero que no me pasen por error la factura de agua de algún millonario con piscina.
La joven se despide en un susurro mientras los pericos cansados del modo eco, lanzan tres graznidos pisando cada palabra.

La oigo bajar de cuatro en cuatro escalones las escaleras. En su loca carrera, esta vez sin respuesta sonora la visitante de baños se ha dejado el bolígrafo.

16 comentarios:

Detrásdelreflejo dijo...

Cuantas cosas habrán visto los lectores de contadores.. Daría para una novela de Bukowski.

suri kata dijo...

Tiene mucho mérito mantener cierto glamour en un piso con adolescentes.

Marga F. Rosende dijo...

Suri Kata: Bienvenida, no he podido acceder a tu blog. He entrado a través del perfil, pero donde pone lo de miembros del equipo no sale el nombre del blog y no ha habido manera....
Un beso

el Erario Inagotable dijo...

Venga, que me he perdido (y vuelto a encontrar) en tu deliciosa prosa. :D
Siempre quise un terrario con plantas del desierto... ya veré qué puedo hacer al respecto.
Besos, querida

Achab dijo...

Lo d elos periquitos me preocupa: te digo yo que el mundo se acaba.

Carlos Serra dijo...

Abrí tb un eslabón para ti en mi blog.Saludos del Indico...

Anónimo dijo...

Qué delicia de relato Marga, hace tiempo que no disfrutaba tanto leyendo. Me ha resultado especialmente evocadora la visita del "cuarto elemento", un poquito surrealista y muy lírica.
A partir de ahora seguiré tu pista. Un beso, Nana

El Deivid dijo...

Los calzonzillos en el baño y la tapa levantada: ¡símbolos del indecoro en el inodoro!

florecilla de alcanfor dijo...

Lo de la arena del sahara es genial, a lo mejor si coge humedad del baño le salen oasis y todo.

Tina Bourat dijo...

Hermoso blog, herrrrmoso.
Y te linko mucho, yo tambièn.

El Deivid dijo...

Felicidades por tus 10E+03 o diez mil visitas!! Y que sean muchas más!!!
Un abrazo muy fuerte para tí.

Roxi dijo...

Marga encantadora tu tendencia a decorar lo indecoroso. Tu relato tan lleno de elementos, de detalles, de círculos, espirales, sobrecargado pero armonioso, me encantó. Lo del espejo, el altarsito (con chiches de todo a 100!!!), el calzoncillo ... ahí si que casi muero que muero de la risa.
Otra vez hiciste de algo cotidiano, una mezcla deliciosa entre inventario banal, suceso paranormal y cine rebelde.
Besos y felicitaciones.

Roxi dijo...

Ahh y la ilustración, en general siempre me gustán montones, pero ahora el detalle del gatito con el pajarito en la cola, me requete encantó.
Abrazo!

toxcatl dijo...

Sin palabras...
nadie como tú para contarlo así...
yo le habria echado cicutilla que es lo que emito por la boca cada vez que hablo a calzon quitao...

Xurri dijo...

La pareja de pericos que solía poner banda sonora a todas y cada una de las actividades de mi casa fueron debidamente reubicados y socializados hace unos meses. Ahora comparten megajaula con otros 4 de su raza en el gran jardín al aire libre de alguien muy altruista (uf). Desde entonces, el teclado de mi portátil ya no tiene eco, ni suenan graznidos desesperados con el ruido de las bolsas de la compra, ni se suman decibelios confusores a mis conversaciones. Adoro el silencio...

Garrapata dijo...

¿Seguro, Marga, que la gente a tu alrededor no hace cosas extrañas para luego partirse de risa al ver cómo las describes en el blog?

Hasta luego.