
Almuerzo en un Restaurante donde la nada que adorna el entorno ha debido costar una pasta. Y es que decorar al vacío es carísimo. Por eso todos los sitios finos lo hacen.
Estoy con un periodista, compañero de trabajo y un conocido suyo. Es un argentino de madre japonesa y padre belga. De estos maridajes suele salir gente con un atractivo de pasaporte complicado, pero interesante.
Estoy con un periodista, compañero de trabajo y un conocido suyo. Es un argentino de madre japonesa y padre belga. De estos maridajes suele salir gente con un atractivo de pasaporte complicado, pero interesante.
Mientras tomamos un vino que elige sin titubear, nos habla de lo divino y de lo humano con un discurso carente de "ces" de propiedades sofronizantes.
Babeante, intento apuntalar mi mentón finamente y destilar con tino mi cosmopolitismo Atrápalo.com.
Nos traen la comida. Sitúan un plato frente a él. En el centro de una fuente cual piscina olímpica yace un chipirón al que parece que le han hecho hasta la manicura. Alrededor del huérfano, una salsa negra en modo grafismo como aplicada por Picasso.
Le mete mano al chipirón, que me da pena los ojitos que tiene. Con unos deditos preciosos le corta un par de tentáculos y los come. El pobre creo que es consciente de que va a quedar con hambre, pues mira el resto del cadáver con una expresión como de perdida.
Mastica y mastica los trocitos sin dejar de hablar. Ese es el problema. Intenta sacarle la sustancia última y primigenia al minicefalópodo y a Houellebecq a la vez.
Observo como las patitas del animalito cada vez mas reducidas migran del carrillo izquierdo al derecho. Hasta que al final traga. La nuez sube y baja desde debajo del cuello de la camisa Ralph Lauren al mentón. Debía estar ya muy seco el bocado, porque le pega un trago más que considerable al vino.
Continúa con la disección. Le corta un trocito al cuerpo. Como tiene mas chicha, su oratoria se enciende e incluso sonríe. Hemos llegado a Paul Auster y es al pronunciar este nombre cuando la tinta del cefalopodo marca Parker como poco, ha colonizado ya no solo dientes y encías, sino que empieza a asomar por las comisuras.
Espero que en su repaso por la literatura anglosajona de pro haga alguna referencia a Amis padre o hijo, pues al juntar los labios en el “mis” quizá se le ocurra pasarse la lengua por ellos.
Decía Andy Warhol que comer y hablar a la vez en un restaurante es algo que sólo saben hacer los ricos. Y yo añado que ni eso….

