viernes, octubre 06, 2006

Intelectualidad a mandíbula batiente


Almuerzo en un Restaurante donde la nada que adorna el entorno ha debido costar una pasta. Y es que decorar al vacío es carísimo. Por eso todos los sitios finos lo hacen.

Estoy con un periodista, compañero de trabajo y un conocido suyo. Es un argentino de madre japonesa y padre belga. De estos maridajes suele salir gente con un atractivo de pasaporte complicado, pero interesante.

Mientras tomamos un vino que elige sin titubear, nos habla de lo divino y de lo humano con un discurso carente de "ces" de propiedades sofronizantes.

Babeante, intento apuntalar mi mentón finamente y destilar con tino mi cosmopolitismo Atrápalo.com.

Nos traen la comida. Sitúan un plato frente a él. En el centro de una fuente cual piscina olímpica yace un chipirón al que parece que le han hecho hasta la manicura. Alrededor del huérfano, una salsa negra en modo grafismo como aplicada por Picasso.

Le mete mano al chipirón, que me da pena los ojitos que tiene. Con unos deditos preciosos le corta un par de tentáculos y los come. El pobre creo que es consciente de que va a quedar con hambre, pues mira el resto del cadáver con una expresión como de perdida.

Mastica y mastica los trocitos sin dejar de hablar. Ese es el problema. Intenta sacarle la sustancia última y primigenia al minicefalópodo y a Houellebecq a la vez.
Observo como las patitas del animalito cada vez mas reducidas migran del carrillo izquierdo al derecho. Hasta que al final traga. La nuez sube y baja desde debajo del cuello de la camisa Ralph Lauren al mentón. Debía estar ya muy seco el bocado, porque le pega un trago más que considerable al vino.
Continúa con la disección. Le corta un trocito al cuerpo. Como tiene mas chicha, su oratoria se enciende e incluso sonríe. Hemos llegado a Paul Auster y es al pronunciar este nombre cuando la tinta del cefalopodo marca Parker como poco, ha colonizado ya no solo dientes y encías, sino que empieza a asomar por las comisuras.
Espero que en su repaso por la literatura anglosajona de pro haga alguna referencia a Amis padre o hijo, pues al juntar los labios en el “mis” quizá se le ocurra pasarse la lengua por ellos.

Decía Andy Warhol que comer y hablar a la vez en un restaurante es algo que sólo saben hacer los ricos. Y yo añado que ni eso….

15 comentarios:

Umma1 dijo...

Puajjj!!!

Nadie le habrá dicho que no se habla mjientras se come???


En defensa de mi compatriota digo que los argentinos poco entramos a los cefalópodos, lo nuestro, mejor es el bife de chorizo.

Saludos

El Deivid dijo...

¡Qué mal lo debes haber pasado! observando el acto de comer.

Eulalia dijo...

Nadie como Leslie Caron en "Gigi": sus tías pretenden convertirla en una ramera de alta escuela y lo primero que le enseñan es a comer y hablar al mismo tiempo sin enseñar más que los morritos bien limpios.
O sea, que no sólo los ricos.
Un besito, Marga, y gracias.

azirafel dijo...

El canon de comportamiento actual va cambiando demasiado rapido, tengo que decir que me da miedo sugerir que se comportaba mal y darme cuenta que era el new way de los ricos y poderosos.

Detrásdelreflejo dijo...

No soporto a los intelectuales. Y, para mi desgracia, vivo rodeado de ellos...

florecilla de alcanfor dijo...

Qué horror, Marga, y tú ahí atenta a todo...
Encima con el agravante de ser un minichipirón pijo, que no te lo esperas.

lilaortega6402 dijo...

jolines marguita me parece que no me voy a atrever a invitarte a comer conmigo jajaja yo soy de las que habla y come, a veces, algunos amigos no consiguen seguir el ritmo y los menús degustación se quedan bastante arítmicos y yo trago sin despeinarme jajaja así que parece que si alguna vez quedamos nos veremos para el café jajaja

Xurri dijo...

El arroz negro y los cefalópodos en su propia tinta son muy poquito charming en cenas coloquio, y de las otras, con esos restos negruzcos en labios, dientes y servilletas. Como las ensaladas de hoja fina, que tienden a adherirse en los incisivos y propician a) el paseo compulsivo de lengua por dientes, tratando de eliminarlos, o b) el hurgamiento ungueal disimulado, tratando de eliminarlos, o c) los discursos clorofilados.

En realidad se trata, como en tantas otras cosas, de saber elegir (previendo).

doble visión dijo...

Marga...brillante la forma del relato. Todo, el hilo conductor, las citas y el personaje que cobra vida en cada palabra. Asi da gusto.

saludos
marcelo

Carlos Serra dijo...

Ah... Muy, muy bueno! Observar los actos más modestos y gastronómicos es la buena prueba de una mentalidad sociológica...
Saludos

LuisCreek dijo...

what's your favorite scary movie?

Sr. D dijo...

A las comidas de negocios ya se va comido, lo que te permite juguetear brevemente con lo que hay en el plato, sin necesidad de lanzarte al él con la avidez de un caimán a dieta. Las comidas de placer no se celebran en quirófanos como el que describes.

Ay, tascas, tascas...¿Por qué nos habeis abandonado?

Hans dijo...

Grande Marga, grande Xurri (este es un tema que ya tenemos trabajado :-D), y rigurosamente certero Mr. D.

Gara Llanos dijo...

Hay gente que habla, habla, habla y nunca se para a escuchar. Esto le debió pasar al pobre cuando sus padres le dijeron aquello de: "niño, con la boca llena no se habla". Por cierto, es la primera vez que visito este blog y me he quedado enamorada de su diseño.

El chicharrero terrible dijo...

Pobre argentino, si llega algún dia a reconocerse en este blog.

Pobre hombre, que aunque no se reconozca, seguirña comiendo así, sea ya de negocios, o no.