Cajón Desastre

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domingo, julio 02, 2006


Confesión

Confieso que me tuesto. Si, me da vergüenza decirlo. Paso siete minutos al día metida en una sandwichera humana. La primera vez me quedaron unas rayitas, como cuando se te requema una tostada. Me estoy enganchando, y me asusta un poco.
Pero comprendedme. Paso siete minutos metida en un tubo horizontal donde mientras mi melanina se defiende de la agresión dándome un color ideal, me aíslo del mundo en pleno Preciados. Había oído hablar de una especie de cámaras uterinas, un artilugio espacial donde te metes, creo que flotando en agua, y vuelves a la tripita de mama. Bueno sólo los hijos aplicados, pues vale un pastón.
Zarandajas. Los rayos UVA. Cabina horizontal. Hay que esperar un poco más que en las verticales, pero merece la pena. Hace calor, pero están dotadas de un ventilador que permite sudar y tener frío a la vez. Lejos del mundanal ruido, nadie me llama, nadie me reclama, ni me echa de menos. Y siento que bajo los rayos UVA de tecnología alemana, mi interior se funde, como un queso. Un alma untable, sin esquinas ni durezas, una auténtica fondue humana. Por 3,50 neuros amiguitos, hay bonos.

3 comentarios:

El Deivid dijo...

Salve, Tostada Humana!
Las cabinas uterinas son como ataudes cromados y con agua. Te aislan completamente del exterior.
A veces me pregunto cómo se sale de ellos, si no se puede ver...

Un beso.

phoedra dijo...

uhh yo creo que si me meto a una de esas cosas me muero de claustrofobia... pero son la onda!
debes de tener un color genial de piel!

asco dijo...

yo quiero una, pero para poner un negocio de bronceado y esas cosas.

en este mundo lleno de vanidad, ganaría bastante dinero.