sábado, noviembre 04, 2006

Saturna

Trabajar como recepcionista de un Centro de Salud permite manejar dos variables muy cotizadas : espacio y tiempo.


Como el espacio lleva bata y fonendo y está fijado de antemano, la única potestad de la trabajadora es la distribución del tiempo de dicho espacio entre los afiliados. Sin embargo, el desempeño profesional de mi Cronos particular está marcado por un atroz determinismo. Cada vez que levanta la mirada, la misma petición: una hora. Y la demanda siempre enmarcada por un principio y fin idénticos con el regustillo de un deja vu de sesión continua.

Frente a tanta frustración, viendo pasar el tiempo administrándolo, y al constatar que lo que espera se cumple siempre, mi Saturna sabe como humillar al afiliado defendiendo sus dominios sin tener que zamparse a sus propios hijos. Así, de paso, le pone un poco de chispa y giro argumental a tanto destino prefijado.

Y lo hace de forma que el paciente no encuentre nada a lo que asirse para presentar una reclamación de agárrate y no te menees.

No sale de su boca una palabra más alta que la otra, no hay negativas ni negligencias. Es una especie de Jack el Destripador que no dejara sangre, ni vísceras, ni tan siquiera cadáver.

Refinada discípula de Sade, sabe como dejar en el aire una mano que sujeta una tarjeta caducada, mirar con repugnancia un antebrazo excesivamente avanzado, retrasar la aparición del monosílabo que confirma una petición, alzar voz y comisuras mientras solicita una prueba del sida, plantar sobre el mostrador, con la contundencia de un cubata, el frasco de heces de una impecable ancianita.

Si todo es previsible, si Dios, los genes, la sociedad o mi directo superior hacen que una acción vaya seguida siempre de una consecuencia esperable, mi recepcionista pondrá una zancadilla al destino para evitarlo.

La cosa no deja de carecer de mérito, mi Saturna frente a Hobbes, Skinner y Newton.

19 comentarios:

The Wicked Witch of the West dijo...

[Se estaba formando un comentario en mi cabeza cuando he leído, justo al final del artículo, la palabra Skinner. Ahí se ha ido todo al traste...
Después de consultar la wikipedia, he supuesto que te refieres a B. F. Skinner y su teoría del conductismo.]

En cualquier caso, una vez releída la historia de Saturna, he de confesar que soy una de esas personas que se amilana ante un gesto de "maldad" injustificado. Es cierto que, en ocasiones, se piden cosas sin sentido. Y que los recepcionistas tienen que aguantar muchos desvaríos y exigencias. La pena es que, al final, opten por acabar destripando a todo el mundo con el mismo bisturí frío y afilado.

Yayo Salva dijo...

Siempre me he sentido amilanado y culpable de algo ante el gesto adusto y riguroso del celador o celadora de los consultorios. Me viene a la memoria aquella campaña de los años 70 con una foto de recatada enfermera sonriente y el texto "Sonría por favor" o "Con amabilidad y sonrira encontrarás comprensión". ¿A qué vendría aquello? Un beso.

Sr. D dijo...

Alguien en el puesto descrito que sonria y sea amable es, sin ningún género de dudas, un funcionario politoxicómano que se chuta con cargo a la Seguridad Social.

Ahora bien, en un mundo de ilusión y fantasia ( como aquel en el que muchos lectores de blogs viven), la crueldad intolerable cae siempre del lado interior del mostrador.

No sean tan crueles con nosotros, damas y caballeros. Y vayan a quejarse al maestro armero.

Eulalia dijo...

Pagan justos por pecadores, pero, ¿Hay algo más terrible que atender público?
Con todo, creo que es peor aún el comportamiento de los médicos...

Esther Hhhh dijo...

A mi me ponen de los nervios las de la Gestapo, si si, las de la SS, cuando de repente vas a pedirles una cita, hacer una pregunta, o simplemente darles un papelito y mientras intentas llamarle la atención, te ignoran ampliamente, como si fueras invisible e inaudible... Pero yo soy demasiado cabezota, jeje, les tengo pillado el punto, si ellas no me aguantan a mi, menos las aguanto yo a ellas, así que al final me responden con desdén, el mismo que uso yo para volver a criticar tan deplorable servicio. Les vendría bien que nos cambiaran el sueldo, así por lo menos, tendrían una buena razón para quejarse.
Besitos
PD: Vale Marga, echabas de menos a mi rebelde, pues ea, aquí está otra vez, jejeje...

Detrásdelreflejo dijo...

Es una clase de trabajos en la que te encuentras a gente de lo más interesante. Y entre los bedeles y conserjes, ya ni te cuento... me gustaría jubilarme en un trabajo así, de consejre...

Para, creo que voy a vomitar dijo...

Vale que estará hasta el ... "alma" de atender a gente pesada, pero cuando vamos a algún sitio nos encanta que nos atiendan correctamente. Al menos a mí me pasa eso.

No quisiera ir a tu centro de salud!!, o sí, pero para observarla!

Xurri dijo...

Qué dura la vida del que ofrece la primera línea de contacto al público!! Todo el día a tiro del primero que pase, dispuesto a revelar su rollo. Esa gente, que no sabe encajar un "no", y una vez frustrados al darse cuenta que no han entendido las intrucciones que se les dieron, no piensan marcharse sin una satisfacción! Como las orejas no pueden cerrarse (al revés que los ojos...).

Por eso los pobrecillos bedeles y conserjes y recepcionistas no tienen más remedio que echar mano de la mala educación y el comportamiento desagradable, ya se sabe que el que les viene a preguntar se ha levantado esa mañana con el único y firme propósito de joderles.

Y los médicos... ahhh, los médicos. Hay que aprovechar cada vez que abran la puerta para chillarles, o aún mejor, pegarles.
Como aquel señor la semana pasada, que le abrió el labio al del consultorio 12. Claro que si.

¿Quién se habrán creido que son? atreviéndose a reunirse para comentar casos, atreviéndose a desayunar, y repartiendo su escaso tiempo por igual entre todos? ¡¡Cuando es obvio que aquel lo que tiene es cuento, y a mí me duele más!!! ¿Donde iremos a parar???

Tamaruca dijo...

xDDD

Qué descripción tan fantástica, no podría añadir nada :D

El recuerdo de ese "momento cubata" me ha provocado una carcajada. Mil gracias ;)

Anónimo dijo...

Casualidades sabidas. Todo es circular.

Tácito>

toxcatl dijo...

Jooooder, menuda tipa; ya le daran su merecido, ya.-

Roxi dijo...

Hola Marga, que terrorífica la visión de esta Saturna y su sádica administración del tiempo y el espacio.
Por suerte acá en santiago las recepcionistas de centros médicos son más buena onda, al menos las que yo he visto, un poco lentitas sí, pero bien buena voluntad y hasta sonrientes (aunque sí desconfío de sus sonrisas cuando las sobre exageran para decirte que el fondo Nacional de Salud, no cubre justo el examen más caro ... ahí se dequitan).
Abrazo!

asco dijo...

Es una pesadilla tu descripción. Ya de por si es difícil batallar con el mote de empleado, ahora con semejantes actividades, me volvería loco, no soy fácil de manejarme en ambientes clínicos.

Achab dijo...

Ah, el ilimitado poder del burócrata y la recepcionista.

florecilla de alcanfor dijo...

Yo es que no conozco a ninguna saturna de esas. Las que más se aproximan son las del Caprabo de al lado de mi casa, que manejan los eypos y el tiempo con una bordería inmensa.

mer dijo...

El Suturno más generoso, al menos escupe papelitos con los que entretenerte enrrollandolos con los dedos durante la espera, pero mucho más sociable el Quieneselúltimo.

coronado-mon dijo...

las ojeras unden....
espacio y tiempo...
aha....

no atarè mis pies...

fantasias...

beso & paz

cecilia coronado/

Gara Llanos dijo...

Siempre he pensado que el médico hace a la recepcionista. Si te fijas cuando el médico es amable, suelen serlo sus empleados. Cuando el médico es borde, sus empleados son odiosos. Un besote

gonzalo dijo...

quedé con la sensación de haber aprhendido sólo la superficie de tu texto.

Esa sensación, paradógicamente, me da gusto.