sábado, noviembre 11, 2006

Agujas

Desde el interior del mostrador: el mostrador del profe.
Dedicado al Sr. D.

P. es un amigo cuarentón de vigorosa neurona e impecable packaging.
Para pagarse la carrera en el conservatorio de Londres, tuvo que trabajar como obrero circulando a lo largo de una estrecha pasarela entre un edificio y otro, con nada más que el vacío debajo. En una ocasión fue testigo de un accidente. Un compañero tenía el cráneo abierto como consecuencia de una brutal caída. Con gran presencia de ánimo llevó al herido a un sanatorio. Le salvó la vida.

Tan solo una cosa oscurece su curriculum de aguerrido guerrero: las agujas. Su sola mención le provoca vértigos y taquicardias, sobre todo si se plantea la posibilidad de que dicha aguja tenga que entrar en su poderoso biceps.
Esta circunstancia provoca que cada vez que le tengan que poner una inyección o extraer sangre se sienta como si le extrajeran también la vida. El hecho de ser mozo hermoso facilita la cosa. Siempre encontramos enfermeras dispuestas a recostarle en una camilla y sujetarle la manita mientras le aguijonean. Después viene la reanimación, porque el hombretón se nos queda desmadejado, blanco como el papel. Le damos entonces un poco de agua como si acabara de volver de la guerra, hasta que se recupera y nos enseña un poquito la dentadura.

P. trabaja como profesor de piano y solfeo en un conservatorio, donde con notable humor se enfrenta a diario con las veleidades musicales de nuestros niños y adolescentes. Como consecuencia de estar más de seis horas seguidas escribiendo fusas y semifusas en la pizarra, tiene una lesión leve en un hombro. P. tiene dos alumnas japonesas, madre e hija, de gran potencial canoro. Ambas muestran un considerable aprecio y respeto hacia nuestro héroe que contrasta con la apatía general.

Enterada la madre de su problema con el hombro, se ha ofrecido a hacerle unas sesiones de acupuntura. En dicha sesión participaría también la hija, en virtud de ayudante, para ir practicando. El enseñante se ha librado por los pelos. La mera visualización de la señora estoqueando su hombro cual toro de lidia, le produce pesadillas y lleva unos días bastante trastornado.

Al parecer la dama porta una suerte de maletilla alargada color granate que tiene toda la pinta de ser el contenedor de los estoques. Cada vez que mi P. imparte su clase, la visión de la maletilla asomando bajo el asiento le produce tal desazón y fantasioso desvarío que está a punto de pedir la baja.

Ayer la señora le ha vuelto a ofrecer sus servicios. A mi P. se le atragantan los ritmos y le tiemblan las manos cuando acompaña sus cánticos al piano.

15 comentarios:

JLiáN* dijo...

aarrrRRrRrG!! mi aversión para con las agujasSS!! me siento identificado con P pero siendo J. Esta semana pasaron vacunando contra la gripe a todos los/as maestros/as de mi centro. Como si de ganado se tratara. Justo después de ponerme la tirita en el brazo los miré con odio y espeté algo así como: " ahora quiero que me entregéis el bocadillo como esos autobuses que van por ahí sacando sangre"
No me miraron demasiado bien.

Yayo Salva dijo...

Las fobias son tan inexplicables... Lo siento por tu amigo el músico. Un pianista con periartritis en un hombro debe ver mermadas sus posibilidades pianísticas. Afortunadamente hay otras soluciones médicas aparte de la acupuntura. Un beso.

Eulalia dijo...

Le dices a tu amigo de mi parte que ha salido estupendo en el post, y que a ver si se anima.
Que piense que en el maletín lo que lleva la sushidicha es un ordenador portátil.
Un besito.s

toxcatl dijo...

Buff, yo me siento plenamente identificada con tu amigo, con el agravante de que el dia 24 del corriente sere victima matutina del estoque del insalud... (igual no duermo la noche antes, pero hay que ir)

The Wicked Witch of the West dijo...

Me han hecho acordarme de un amigo estas palabras. Podría encajar en este texto sin problemas. Aunque en su caso son tanto las agujas como la sangre.
Recuerdo hace unos años, viendo Entrevista con un Vampiro en el cine, que se desmayó a mi lado en la escena en la que Tom Cruise se corta el dedo. Casi no puedo levantarlo. Todavía nos reímos de aquello. Y él todavía sigue negándose a pasar el reconocimiento médico para evitar la extracción de sangre.

Esther Hhhh dijo...

Pobre P. Fíjate que le entiendo. Yo me pongo a llorar de nervios si me hacen un análisis, la última vez me autosaboteé y aún me están esperando para que vaya. Yo sé que debo hacérmelo, pero ains, es que la agujita de marras... ¿Y no podrían sacarme la sangre por telepatía o algo?
Eso sí,¿ves? he conseguido superar mi miedo a la hora de la acupuntura. Dejo a mi fisio que me clave agujitas con toda impunidad, eso sí, de vez en cuando le protesto, jejeje...
Besitossssssss

Detrásdelreflejo dijo...

Pues a mí no me asustan las agujas, pero tengo alguna otra fobia... y le entiendo, qué se le va a hacer..

Tamaruca dijo...

¡Oh cielos!
¡Cómo me gusta encontrar compañeros de fobias!

Este año tuve un accidente que me obligó a permanecer en reposo absoluto casi 2 meses. Durante ese periodo me vi obligada a autoinyectarme 40 dosis de antitrombosis en mi blanca tripita, oiiigghhhh!! cada vez que me acuedo, igghhh!!! ¿¿Cómo fui capaz de hacerlo?? Iggggñññeññeñeñee....

Aprendí que las fobias no se superan. Tan sólo se obvian en breves lapsus de tiempo...

Besitos escocidos...

Xurri dijo...

Agujas no molan, no.
Dan tuto, tuto gordo.
fuera, fuera...

El chicharrero terrible dijo...

Después de años sin mirar como me sacan sangre en los análisis, por mi aversión total a la sangre, hace como año y medio volví a mirar en un hecho que por un lado demostró valor y por otro estupidez (interesante combinación).
Volví a sentir los olvidados mareos, y tuve que recostarme en una camilla de la salita de las enfermeras.
Ninguna me acaricio la mano.

P.D: un dia de estos no voy a ser capaz de descifrar las letras del reconocimiento de palabras del blog. Cada vez las pegan e inclinan mas.

Zifnab dijo...

Fíjese que soy cobarde, como mago y como persona, pero nunca entenderé el tema, que además le pasa a mucha gente. Ahora que cada cual en su casa y Dios en la de todos que no viene a cuento pero me apetecia decirlo.

En fin

Sea usted feliz

Alfredito dijo...

¡Las agujas, los aguijones!
La peor de las pesadillas.
De pequeño mordí a mi abuelo - al que adoraba - en la mano porque me quería coger para que me pusiesen una inyección. Odio a todo bicho que posea aguijón o similar. Y me parece insólito que el ser humano sea capaz de conocer los minerales que componen una estrella o un planeta que está a chiquicientos millones de años luz y maneje aún instrumentos semejantes.
A mí las corcheas y semicorcheas me parecen agujas con sombrero. Y las japonesas con maletín me producen escalofríos. Que vaya con cuidado.
Besitos.

Eulalia dijo...

¿Andestás, vida?...
Andestés, questés bien.
Un beso.

Sr. D dijo...

Gracias por la dedicatoria, si soy yo el Sr. D.

Mi miedo a las agujas es proverbial.

Bambino dijo...

Anduve por la exposición de García Alix, como me recomendó. Eso sí que eran agujas.... ay, los 80 en Malasaña, cuánta sabiduría.
En otro orden de cosas, si le envío una afoto mía me hase una caricatura u dibujo de los suyos???