domingo, diciembre 10, 2006

La Pasión de Shylviah. Capítulo 3.



Desde su jaula de oro con incrustaciones de lapislázuli,
las oropéndolas entonaban sus más bellos trinos, con cuyo lirismo solo podía competir la voz de Shylviah que, en ese momento, cantaba “ Mamma quel vino é generoso” mientras mordisqueaba un petitfour.

A través del ventanal podía contemplar el jardín. Era un jardín de estilo inglés, donde la aparente naturalidad con que se disponían parterres, rocallas, setos y flores era fruto de una gran planificación y dispendio económico. Discurría por el césped recién cortado un pavo real de soberbio colorido (Ver nota 1 a pie de página) que, con la cola desplegada cual irisado abanico, paseaba entre las magnolias y las astromelias. Los cisnes se desplazaban en parejas por el lago entrelazando sus cuellos formando un corazón en los momentos de mas elevada inspiración, sorteando con éxito los nenúfares y las ranas croadoras.

Berenice-Verónica, Marquesa de Tráquea-Verada, la difunta madre de Shylviah siempre detestó ese jardín. Si la marquesa desconfiaba por sistema de todo lo natural, recelaba más aún de lo natural planificado. Las insípidas rosas de te y las glicinias colocadas como por azar, la ponían enferma. Prefería la dama los setos a la maniere versallesque, sinceramente artificiosos, formando hermosos arabescos simétricos de infinita perspectiva y sobria majestuosidad. En fin, resumiendo, y por no aburrir al distinguido lector: una despejada visión de todo y todos nunca perturbada por alguna conífera controladamente fuera de lugar.

En el laberinto de seto de la mansión paterna es donde fue más feliz en su procelosa juventud. Cuando conseguía llegar al centro, una plataforma le permitía, encaramada a ella, observarlo por completo. Era allí en aquel espacio cuadriculado donde ¡Oh misterios de la psique femenina!. La casta joven podía abandonarse a esas ensoñaciones tan típicas de la adolescencia donde el corazón provee de tan tiernas mieles….
(Continuará)

Nota 1
B. Bilvainas señala un anacronismo en la descripción, quizá por algún error en la documentación de la escritora. El Jardín Inglés carece de pavos, si bien se permite algún perrillo de aguas (con correa).
V. T. Enjundias sugiere que la presencia de los pavos obedece exclusivamente a un capricho de la Marquesa de Volandas
.

9 comentarios:

ismabou dijo...

Hola Marga.
Solo felicitarte por las ilustraciones, son estupendas.
Un saludo.

Peca dijo...

No sé si son mejores los dibujos o el texto.Enhorabuena.

gonzalo dijo...

quién guardará tus imágenes en el paraíso?

Bambino Bartok dijo...

Algún apartado de correos, quizá?

Achab dijo...

El pavo será un símbolo fálico, como si lo viera.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Marga,

Piensas hacer un libro grafico?

Eulalia dijo...

Nena, si Jardiel Poncela levantara la cabeza te nombraba ahijada honorífica.
Yo me entiendo.
Un besazo.

florecilla de alcanfor dijo...

Me encantan los laberintos de seto y las palabras "lapislázuli" y "glicinia"... y el dibujo. Me voy a enganchar al culebrón.

(En mi cole había pavos reales. Estaban sueltos, iban a su bola por el jardín, hacían ruidos espeluznantes y coleccionábamos sus plumas. Desaparecieron por petición de algunos padres "preocupados" (¿?) por la salud de sus hijas. Después de eso, cada vez que tocaba pavo en el menú mirábamos el plato con ojos sospechosos...)

Esther Hhhh dijo...

¿cómo he podido desengancharme tantos dias?¿Será mi naturaleza rebelde, la misma que evita que sólo sea adicta a la libertad y al teatro (y a la radio)?
En fin, me voy a seguir leyendo los capítulos retrasados... Besitossssssss